Definir esta serie es difícil, en la teoría hay dos tipos de series, las autoconclusivas y las continuadas. Las primeras lo tenemos claro con ejemplos como CSI, episodios que abren y cierran una trama en el mismo capítulo, las segundas mantienen un arco argumental durante una temporada, como por ejemplo la reciente Juego de
Tronos. Pues tenemos un nuevo estilo, aún sin definir, y es donde debemos meter a Mad Men. Sus episodios no abren y cierran una trama, pero es más, las temporadas tampoco lo hacen, y todavía hay más, en el fondo todavía no podemos definir su trama. Mad Men es la película más larga de la historia, la serie de Matthew Weiner es un conjunto de teselas que debemos juntar, un detalle en el episodio tres de la primera temporada, puede repercurtir y reaparecer en el octavo de la segunda, Mad Men es como la vida misma, es una gran historia que habla de nada y de todo, Mad Men nos contará su historia el día que termine, de momento solo nos queda disfrutarla.
En 2002 Todd Haynes estrenaba una de las mejores películas de toda la década, nos referimos al film Lejos del Cielo. En ella se rememoraba el cine de Douglas Sirk, pero tamizado bajo el prisma del cine actual, con esas perfectas y preciosas parejas del American Dream de finales de los 50, que escondían secretas pasiones y oscuros deseos mucho más cercanos a la realidad. La homosexualidad, el amor libre, las mentiras o la mezcla racial se trataban con total libertad como eje principal del relato. Pues bien, en Mad Men, Matthew Weiner retoma esta idea llevándola un paso más allá.
En el tercer episodio de la serie, Betty Draper, la bella, estilosa y perfecta esposa de Don Draper, interpretada magistralmente por January Jones, se queda como canguro de sus vecinos de al lado. En un momento del episodio, siente lo que todo ser humano siente cada poco tiempo. Mientras se encuentra en el baño a mitad de sus necesidades, el pequeño
hijo voyeur de su vecina entra en el aseo con actitud poco inocente y, en ese momento, la gran Betty Draper no le queda más remedio que avanzar hacia la puerta para proteger su intimidad. Pero Mad Men muestra la realidad del momento, la joven Betty luce perfecta con su tocado y su preciosa falta de vuelo, aunque camine como un pato con las bragas entre las piernas y sofocada por la situación. Esto es Mad Men, aquí no es oro todo lo que reluce, aquí los ceniceros están llenos de ceniza, los cadillac se aboyan y los personajes también evacúan sus necesidades, eso sí, todo esto siempre bajo un imponente rascacielos de cristal.
Definir esta serie es difícil, en la teoría hay dos tipos de series, las autoconclusivas y las continuadas. Las primeras lo tenemos claro con ejemplos como CSI, episodios que abren y cierran una trama en el mismo capítulo, las segundas mantienen un arco argumental durante una temporada, como por ejemplo la reciente Juego de Tronos. Pues tenemos un nuevo estilo, aún sin definir, y es donde debemos meter a Mad Men. Sus episodios no abren y cierran una trama, pero es más, las temporadas tampoco lo hacen, y todavía hay más, en el fondo todavía no podemos definir su trama. Mad Men es la película más larga de la historia, la serie de Matthew Weiner es un conjunto de teselas que debemos juntar, un detalle en el episodio tres de la primera temporada, puede repercurtir y reaparecer en el octavo de la segunda, Mad Men es como la vida misma, es una gran historia que habla de nada y de todo, Mad Men nos contará su historia el día que termine, de momento solo nos queda disfrutarla.
En 2002 Todd Haynes estrenaba una de las mejores películas de toda la década, nos referimos al film Lejos del Cielo. En ella se rememoraba el cine de Douglas Sirk, pero tamizado bajo el prisma del cine actual, con esas perfectas y preciosas parejas del American Dream de finales de los 50, que escondían secretas pasiones y oscuros deseos mucho más cercanos a la realidad. La homosexualidad, el amor libre, las mentiras o la mezcla racial se trataban con total libertad como eje principal del relato. Pues bien, en Mad Men, Matthew Weiner retoma esta idea llevándola un paso más allá.
En el tercer episodio de la serie, Betty Draper, la bella, estilosa y perfecta
esposa de Don Draper, interpretada magistralmente por January Jones, se queda como canguro de sus vecinos de al lado. En un momento del episodio, siente lo que todo ser humano siente cada poco tiempo. Mientras se encuentra en el baño a mitad de sus necesidades, el pequeño hijo voyeur de su vecina entra en el aseo con actitud poco inocente y, en ese momento, la gran Betty Draper no le queda más remedio que avanzar hacia la puerta para proteger su intimidad. Pero Mad Men muestra la realidad del momento, la joven Betty luce perfecta con su tocado y su preciosa falta de vuelo, aunque camine como un pato con las bragas entre las piernas y sofocada por la situación. Esto es Mad Men, aquí no es oro todo lo que reluce, aquí los ceniceros están llenos de ceniza, los cadillac se aboyan y los personajes también evacúan sus necesidades, eso sí, todo esto siempre bajo un imponente rascacielos de cristal.
Don Draper es un misterio en si mismo, en la propia cabecera lo vemos como una silueta negra cayendo al abismo, Draper es un fantasma, es el reflejo de la cultura de una época, es un símbolo fundacional como otros tantos personajes que habitan en nuestros televisores.
Narrativamente Mad Men es un prodigio y un ejemplo a seguir. Su base es el retrato de un país en la piel de Don Draper, un Mad Men (hombres de negocios de Madison Square en la década de los 60). Lo grande de Mad Men es el uso de formato televisivo para crear un gran película de metraje infinito. En un episodio en concreto, Don Draper acaba siendo pillado en sus infidelidades por su más temible rival, el cual, como buen villano, no dudará en chantajear a nuestro protagonista. Sin embargo, lo que en cualquier serie podría ser el hilo argumental o Mcguffin de toda una temporada, en Mad Men dura un solo capítulo. Porque Mad Men no necesita trucos. La serie de Matthew Weiner es una fuerza de la naturaleza narrativamente hablando; en Mad Men no pasan cosas fuera de lo normal, pero lo cotidiano se convierte en excepcional gracias a la mano de sus guionistas, a su perfecta y preciosa puesta en escena y a la magnífica actuación de todos sus interpretes. En definitiva, Mad Men es la serie de AMC que a HBO le gustaría emitir.

![Crítica Mad Men (2) Crítica Mad Men 2 [Series TV]: MAD MEN. Matthew Weiner. 2007](http://www.mundoreturn.com/wp-content/uploads/2012/03/Crítica-Mad-Men-2.jpg)
![Crítica Mad Men (5) Crítica Mad Men 5 150x150 [Series TV]: MAD MEN. Matthew Weiner. 2007](http://www.mundoreturn.com/wp-content/uploads/2012/03/Crítica-Mad-Men-5-150x150.jpg)
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![Crítica Mad Men (3) Crítica Mad Men 3 150x150 [Series TV]: MAD MEN. Matthew Weiner. 2007](http://www.mundoreturn.com/wp-content/uploads/2012/03/Crítica-Mad-Men-3-150x150.jpg)
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2 Comentarios
[...] quizás un pequeño escalón por debajo de otras debutantes anteriores, como fueron en su día Mad Men o Boardwalk [...]
[...] Hace unos días dejábamos un artículo hablando del famoso opening de Mad Men y su relación con la cuarta temporada, en el comentábamos la oscuridad que tiñó la mayor parte de esa temporada, convirtiéndose por derecho propio en la más trágica, triste y oscura hasta la fecha. Comparar los primeros capítulos de Mad Men, donde disfrutamos de la luz, la elegancia y las tonalidades melosas del american dream, con la estética tenebrista de las vacias, frías y oscuras estancias de hotel, es más que interesante. Pero también vimos que al final de la trama, la esperanza llegaba de nuevo a la vida de Draper, una nueva luz se encendía en su interior, y la malsana relación Dick/Don parecía llegar a su fin. Pues bien, habiendo disfrutado ya de el primer episodio de la quinta temporada un capítulo doble llamado “A Little Kiss“, sólo podemos titularlo con una frase: “Bienvenidos al nuevo Mad Men“. [...]